sábado, 27 de febrero de 2010

A las cajas, a los bancos. Hijos de puta.


Hace ya tres meses comencé junto con mi novia a buscar piso. Nuestro primer y único piso. Pasaron los días y pasaron las visitas a todos aquellos que llamaban nuestra atención. Veíamos de todo. Una gran parte no nos gustaban. Eran demasiado pequeños, demasiado caros, estaban demasiado estropeados… Queríamos encontrar algo que estuviera cerca de la perfección que teníamos en mente.


Por fin, después de inspeccionar profundamente la zona que nos interesa nos hemos decidido por uno. Sin ningún miedo nos hemos acercado al banco para solicitar una hipoteca para la compra. Dos empleos fijos y buenos sueldos no pueden plantear dificultades a ninguna entidad. Más bien lo contrario. ¡Y una MIERDA!.

Ahora, después de haber estado con el agua al cuello por pecados pasados y haber sido rescatados a golpe de mis impuestos, los bancos han decidido que ya no dan créditos para la vivienda. Ninguno os lo expondrá así, pero yo sí voy a hacerlo.


Reconoceré primero mi culpa:


-No soy rico.

-Pago mis impuestos, me considero una persona honrada y con una consideración por el prójimo rara en estos días (la que era habitual hace unos años).

NOTA: la definición anterior se asocia en el diccionario a la palabra “pringado”.

-Quiero vivir en el barrio en que nací, en el centro de Madrid.

-Debido al primer punto he decidido vivir en un palacio. Eso sí, de segunda mano y para reformar. Es un palacio de los baratos, de los de algo más de 300.000€.

-Me niego a irme a vivir al quinto infierno, donde se han edificado cientos de bloques de pisos que esperan vacíos a sus inquilinos y que tienen que llenarse con calzador.


Acabaron los buenos tiempos para comprar una casa o lo que se te ocurriera, en que te daban lo que necesitabas y un poquito más, que mas vale que sobre. Actualmente los señoritos de la caridad te dan únicamente el 80% del valor de compra del piso o del valor de tasación, el que resulte menor. De nada vale que hagas cuentas, experimentos o simulaciones de cómo vas a pagar tu casa. La pagarás como decidan ellos y solo si quieren.


Después de meses de inmersión inmobiliaria hemos decidido que nuestro piso-catedral es el que mejor se adapta a nuestras necesidades, tanto personales como económicas. Pero he aquí que para el banco no es así. Con una tasación rapidita han decidido que la finca no vale más de 270.000€, con lo que únicamente nos honrarían con un préstamo de 216.000€. Benditos sean, ya veré de donde saco los 130.000 (gastos administrativos incluídos) que me hacen falta para comprar la mansión sin poder arreglar ni un clavo que sobresale.


Todo tiene una explicación. Para el tasador el piso está sobrevalorado en relación a la zona en la que está. No sé cuán extensa es la zona en la que se basa, aunque en unos dos kilómetros a la redonda no hay ningún piso de esas características que baje de los 310.000€. Será que no hemos buscado bien o que hay pisos invisibles para los compradores que solo conocen los tasadores. ¡Vaya usted a saber!. Propongo una campaña de todas estas ONGs para concienciar a los propietarios de los pisos al alcance del público general para que conozcan lo económicos que son los pisos invisibles y arreglen estas tremendas desigualdades.


No todo es tan malo. El banco amablemente te presta el ciento por ciento de la tasación a un interés un pelín mayor si avalas el préstamo con un inmueble que no tienes. Un momento… ¡sí que lo tienen nuestros padres!. Qué inteligencia, madre. Nunca se me hubiera ocurrido.


La última opción es la mejor de todas. ¿Por qué no comprar uno de esos pisos que tienen los bancos a su cargo regalo de algún ex-cliente?. No son demasiado molones, suelen estar en plantas bajas y tener precios de escándalo (para ser un regalo). Para estos sí que te dan todo todito. También puedes optar por comprar un piso de esos nuevecitos, de los que por supuesto está plagada la zona en la que vivo. Esos vienen con la hipoteca debajo del brazo, aunque sean un 40% más caros que lo que estoy mendigando por las esquinas, los burdeles y los mercadonas. A cambio tienen piscina, wifi en el váter, sillones grabados con tus iniciales, baño María, baño turco, pornochacha y una plaza de garaje para seis coches.


En esta tesitura me encuentro. En un país que no puede garantizar la adquisición de una vivienda a una pareja con dos sueldos debe haber algo podrido. Quizá algo que empiece por “ca” y termine por “jas” o puede que algo que comience con “ban” y finalice con “cos”.

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